La activación psicológica juega un papel crucial en la motivación y la conducta, manifestándose en niveles electrocortical, fisiológico y motor. Este fenómeno, estudiado por John Lacey y Walter Bradford Cannon, es esencial para la preparación y respuesta eficiente del organismo ante demandas ambientales. La activación se caracteriza por la iniciación, persistencia e intensidad de la conducta, y está regulada por el Sistema Nervioso Autónomo, con sus ramas simpática y parasimpática.
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Definición y Niveles de Activación
La activación es un término psicológico que describe diferentes grados de alerta y excitación en el organismo. Se manifiesta en tres niveles principales: electrocortical, que se refiere a la actividad eléctrica en la corteza cerebral; fisiológico, relacionado con las respuestas del Sistema Nervioso Autónomo (SNA); y motor, que implica la conducta observable. John Lacey (1967) identificó estos niveles como correspondientes a la actividad del Sistema Nervioso Central (SNC), del SNA y de la conducta motora, respectivamente. Un estado de activación elevado se caracteriza por un incremento en la cantidad y variedad de respuestas conductuales, una mayor reactividad fisiológica como el aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y un aumento de la actividad electrocortical, observable en registros como el electroencefalograma (EEG). Este concepto, originado en las investigaciones del fisiólogo Walter Bradford Cannon, destaca la función de la activación en la preparación del organismo para responder de manera eficiente y adaptativa ante demandas ambientales, subrayando su papel en la motivación y la movilización de energía.
El Sistema Nervioso Autónomo y la Activación
El Sistema Nervioso Autónomo (SNA) es fundamental en la regulación de las funciones corporales involuntarias y se divide en dos ramas principales: la simpática y la parasimpática, que generalmente actúan de manera antagónica. La rama simpática está implicada en la preparación del cuerpo para la acción, aumentando la tasa cardíaca, la presión arterial y la frecuencia respiratoria, entre otras funciones. Por otro lado, la rama parasimpática promueve la conservación de energía y la relajación, disminuyendo dichas funciones. Walter Bradford Cannon describió este balance como la base de la función motivacional energética, donde la rama simpática facilita la movilización de energía para la acción y la parasimpática promueve la recuperación y conservación de energía. La actividad del SNA puede ser monitoreada mediante instrumentos como el polígrafo, lo que ha permitido una investigación empírica de los procesos motivacionales a través de la observación de cambios fisiológicos.
Características Principales de la Activación
La activación se caracteriza por su influencia en la conducta motivada, destacando tres aspectos principales: la iniciación, la persistencia y la intensidad de la conducta. La iniciación se refiere a la capacidad de la activación para desencadenar la conducta, que puede ser tanto observable como interna y no manifiesta. La persistencia, o insistencia, se relaciona con el mantenimiento de la conducta motivada hasta la consecución de un objetivo, reflejando la continuidad del esfuerzo a pesar de posibles obstáculos. La intensidad se correlaciona con el nivel de motivación y puede variar según la fuerza de la conducta, aunque puede estar modulada por otros factores como el aprendizaje y la experiencia previa. Estos tres indicadores —iniciación, persistencia e intensidad— son fundamentales para identificar la presencia de motivación y deben ser evaluados en contextos adecuados, descartando otras posibles explicaciones para la conducta observada.
Implicaciones de la Activación en la Motivación
La activación es un componente esencial en el proceso motivacional, ya que suministra la energía necesaria para la ejecución de conductas orientadas hacia metas. Comprender cómo la activación influye en la conducta es clave para entender la motivación en su totalidad. Los estudios sobre la activación han aportado conocimientos valiosos a la psicología, mejorando nuestra comprensión de cómo los estados internos del organismo impulsan la acción. Además, el conocimiento de la activación y sus características es crucial para aplicaciones prácticas en campos como el deporte, la educación y la gestión del estrés, donde estrategias basadas en la comprensión de la activación pueden mejorar significativamente el rendimiento y el bienestar.
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