La Primera Guerra Mundial, un conflicto que redefinió Europa, comenzó con la Guerra de Movimientos en 1914, evolucionó a la Guerra de Trincheras y culminó con el colapso de las Potencias Centrales en 1918. Las estrategias militares, los cambios políticos y la participación de Estados Unidos fueron decisivos en el desenlace de la guerra, que dejó un legado de transformación social y política.
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El Inicio de la Primera Guerra Mundial: La Guerra de Movimientos (1914)
La Primera Guerra Mundial comenzó con una fase dinámica denominada la Guerra de Movimientos, que se desarrolló principalmente en 1914. Esta etapa estuvo marcada por la implementación del Plan Schlieffen por parte de Alemania, que pretendía evitar una guerra en dos frentes atacando rápidamente a Francia a través de Bélgica, neutral en aquel entonces. A pesar de los avances iniciales alemanes y la retirada estratégica del gobierno francés a Burdeos, la resistencia aliada, compuesta por fuerzas francesas y el Cuerpo Expedicionario Británico, logró reorganizarse y lanzar un contraataque decisivo en la Primera Batalla del Marne. Este enfrentamiento resultó en la retirada alemana y el fracaso de su estrategia de guerra relámpago. En el frente oriental, el ejército ruso sorprendió con su rápida movilización, logrando avances en Prusia Oriental y Galitzia. Sin embargo, las victorias alemanas en las batallas de Tannenberg y los Lagos Masurianos frenaron el avance ruso y estabilizaron el frente.
La Guerra de Trincheras: El Punto Muerto en el Frente Occidental (1915-1916)
La Guerra de Posiciones, o Guerra de Trincheras, caracterizó el período de 1915 a 1916, con un estancamiento en el que ambos bandos construyeron y defendieron extensas redes de trincheras que se extendían desde el Mar del Norte hasta la frontera suiza. En el frente occidental, los alemanes se atrincheraron en posiciones defensivas, mientras que en el frente oriental continuaron con operaciones ofensivas. Las batallas de Verdún y el Somme se destacaron por su extrema violencia y el elevado número de bajas. En Verdún, los franceses, bajo el mando del general Philippe Pétain, resistieron un asedio prolongado, y en el Somme, las fuerzas británicas y francesas intentaron romper las líneas alemanas, lo que resultó en un alto costo humano sin lograr un avance decisivo. En el frente oriental, a pesar de algunos éxitos iniciales, el ejército ruso comenzó a mostrar signos de debilidad frente a la eficaz respuesta de las Potencias Centrales.
Transformaciones y Crisis en 1917
El año 1917 marcó un punto de inflexión en la guerra, con una serie de eventos que alteraron profundamente el curso del conflicto. En el frente occidental, las tropas francesas experimentaron un grave deterioro de la moral, que se manifestó en motines y deserciones, exacerbados por las penosas condiciones de vida en las trincheras y la falta de avances significativos. En el Reino Unido y Alemania, la guerra total comenzó a pasar factura en el frente interno, con tensiones sociales y políticas crecientes. El Imperio Austro-Húngaro enfrentaba una creciente inestabilidad, y en Rusia, el descontento con la guerra desembocó en la Revolución de Febrero, que derrocó al zar Nicolás II. La posterior Revolución de Octubre llevó al poder a los bolcheviques, quienes negociaron la paz con las Potencias Centrales a través del Tratado de Brest-Litovsk en marzo de 1918. La entrada de Estados Unidos en la guerra en abril de 1917, motivada por la guerra submarina indiscriminada de Alemania y el descubrimiento del Telegrama de Zimmermann, proporcionó un nuevo y decisivo impulso a los Aliados.
El Colapso de las Potencias Centrales y el Final de la Guerra (1918)
El año 1918 fue testigo del cambio de marea a favor de los Aliados, reforzados por la llegada de tropas estadounidenses. En un esfuerzo por lograr una victoria antes de que la plena participación de Estados Unidos se hiciera sentir, Alemania lanzó la Ofensiva de Primavera, incluyendo la Segunda Batalla del Somme, que inicialmente tuvo éxito pero finalmente fue contenida por los Aliados. La contraofensiva aliada, coordinada por el mariscal Ferdinand Foch, comenzó en el verano y llevó a las Potencias Centrales a una retirada continua. La moral alemana se desplomó, lo que llevó a deserciones masivas y a la abdicación del Káiser Guillermo II. El armisticio firmado el 11 de noviembre de 1918 marcó el cese de las hostilidades. La rendición de Alemania, seguida por la de sus aliados Austria-Hungría, Bulgaria y el Imperio Otomano, puso fin a la guerra. El conflicto redefinió el mapa político de Europa y dejó un legado de destrucción y transformación social que sentaría las bases para futuros conflictos.
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